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De Artificios y Carerrajismos*

por Bárbara Campillay

 
Iba camino a encontrarme con mi compañero, cuando decidí, no, no, mejor dicho, me hallé en la necesidad de ir al baño; un poco de vanidad y nervios-ya sabes-. Lo más próximo: el mall con sus bañitos siempre tan perfectamente limpios, que pareciera te estuviesen llamando para que los uses, con un par de señoras uniformadas que sonríen cada vez que entra alguien; sí, aunque venga con las patas con barro-. Y ya es cuento conocido lo que pasa con las que son capaces de dejar la máscara que están obligadas a usar. Pero para ellas debe ser  “La” pega, y bueno, la pega es la pega; las lucas son las lucas-.

Y resultó que esta vez no fue la excepción. Entré, la mujer me sonrió, y abrí la puerta de un baño cualquiera. En esos
momentos en que te sientes tan natural, humana, con un relajo que dilata tus sentidos, en ¡ese! preciso instante entra por mis oídos una musiquilla- típica música, mejor- de mall, super, etc.

Era una voz; idéntica en todas las de sus especie, que me canta desde todos lados “mall center Curicó, siempre conviene, turuturú” Puaj! Y fue entonces cuando me dije “Ah, no… esto ya es demasiado”. ¡Si hasta parece “hipnopedia”! [1]

Como si no bastase con tener que soportar ese ambiente- bien falso- que me intenta decir “mira, qué pulcro que soy”. En fin, me sumergí en un análisis, me cuestioné de qué otra forma incentivan a la gente a caer en el patético y vicioso juego del consumo.

Lo peor es que muchos casos como este ni siquiera llegaremos a notarlos debido a lo legitimado que se encuentra esto dentro de la sociedad [y/o cultura?]. En otras palabras, se admite este tipo de publicidad; se le cree.
Mmm, ¿cuántos habrán creído que “convenía”?. Me surge la pregunta de hasta qué cosa son capaces de llegar a hacer con tal de vender. Pero a ellos, a los empresarios, a los que en su mayoría [si es que no es en su totalidad] juegan sucio y explotan a la gente sin medida les dedico un par de versos de una de las canciones de Konünantü: “basta de tanta injusticia, dejen de acumular, con los bolsillos tan llenos no se puede despegar”.[2]

Los malls se encargan de ocultar cínica y descaradamente desigualdades que son parte de la realidad, haciendo creer que se vive en la ciudad de ensueño, donde todos tienen todo al alcance de la mano y del bolsillo… Pf! Qué carerrajismo. ¿O es que acaso el mall representa a la ciudad en la que está? Sé que el arribismo por estos lados da para mucho, pero no creo que para tanto como pa’ decir que sí…

Las personas son embobadas con publicidades chantas, baratas [no en cuanto a ga$to, sino ingenio], y esa es la dosis de anestesia general que las inmoviliza. Y ahí están todavía po’. No sé si estoy detestando más la cancioncita que aún resuena en mi mente o esta sensación de falsa felicidad que emana de cada pared. ¡Hay que ver en lo que se está convirtiendo todo esto!

Salgo raudamente, recordando el baño de mi casa; prefiriéndolo. Tal vez no huela a cloro en todo momento, ni esté
tan impeque, pero me hace ver la realidad no desde una burbuja.

Ops, amor, perdón por los diez minutos de retraso, es que me quedé pensando una cosita en el camino.

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Notas:

[*]: Tendencia característica de los “caraduras”. No tiene un origen claro, pero a lo largo de la historia podemos contabilizar un sinnúmero de representantes, entre ellos, está el nuevo presidente de $hile.

[1]: Se denomina así a la enseñanza durante el sueño. Este concepto fue utilizado por Aldous Huxley en su libro “Un mundo feliz”: mientras los niños dormían un altoparlante les metía en la cabeza que lo que estaba “bien” y lo que estaba “mal”. Al despertar, los pequeños sabían de memoria lo que habían escuchado durante el sueño.

[2]: “De rodillas no” del disco“Paz y Rebeldía” Puedes escucharla y descargarla [ AQUÍ ]
 

Mafalda ad-hoc...

Mafalda ad-hoc...


 

La Doctrina del Shock

 

 

 

 

Corto dirigido por Alfonso Cuaron

 

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[Corto  - 2007 - Canadá - 7 minutos]

Basado en el libro ‘La Doctrina del Shock: El Auge Del Capitalismo Del Desastre (2007) de la periodista canadiense Naomi Klein.

El libro y la película sostienen que las políticas económicas del Premio Nóbel Milton Friedman y de la Escuela de Economía de Chicago han alcanzado importancia en países con modelos de libre mercado no porque fuesen populares, sino porque han alcanzado importancia través de impactos en la psicología social con desastres o contingencias provocando que ante la conmoción y confusión se puedan hacer reformas impopulares. Se supone que algunas de estas perturbaciones, como la Guerra de las Malvinas, el 11 de septiembre, el Tsunami de 2004 en Indonesia, o la crisis del huracán Katrina pudieron haber sido aprovechadas con la intención de empujar la aprobación de una serie de reformas. La publicación de este video se debe a nuestro intereses por crear discusión en torno a esta doctrina centrados en el contexto de la crisis provocada por el terremoto que remeció a Chile en febrero y sobre las medidas utilizadas por el gobierno entrante para dar solución a las nuevas problemáticas sociales.

 

Punteándole la mina a un flaite

Y el toque de queda de los agresors

 
 

 
 
 
 
 
 

por Omar Mondaca


Los chilenos no tenemos carnaval…eso está claro.

Me encuentro en el hospital tratando de no hacerme notar a mí mismo el tiempo en que se demoran en atenderme. Debo tomarme una radiografía del cráneo, para que vean si los golpes que recibí en mi cabeza no presentan fisuras en esa valiosa estructura ósea.

He sido víctima de una agresión en un local nocturno. Esto será digno de detallarse, sino a un nivel literario, quizá a un nivel simple y anecdótico. Y es que en parte también estoy muy enterado de los beneficios terapéuticos que se logran al transcribir los hechos a las palabras… cuando uno ha pasado por eso del “hecho traumático”, claro está.

Horas antes del accidente, a la vuelta en vehículo hacia nuestros hogares desde un trabajo que habíamos realizado por ahí por la cordillera de la costa, yo y mi colega que conducía, conversábamos sobre la bohemia y su desaparición de casi todos los lugares de nuestro país:

- No no no no nó… si yo ya estoy cabria’o ya. No, antes se podía salir, pero ahora nó po’s hueón. La gente quiere puro pelear po’. Entonces yo ya me cabrié, yo ya no salgo. En mi casa y con mis amigos no más.
- Pero ¿no te aburre? O por último, ¿por qué aguantar que no te dejen salir?
- Pero es que esta gente no sabe ni divertirse.
- Oye –invoqué una razón con un poco de vergüenza-, ¡pero a mí me gustan las discotecas!
- ¡Menos po’s hueon! Si en las discotecas la gente no quiere verse ni la cara po’. ¿Cómo vas a estar ahí, todo oscuro?
- Sí po’ pero, a mí me gusta la música de los 80’s y entonces voy a las discotecas…

Cuando me pasó a dejar, no quise que me dejara en la casa de mis padres. Dejé mis cosas en el vehículo, llamé a un amigo, y nos retiramos inmediatamente a una discoteque.

Llegamos, me tomé unos tragos en el bar, y al rato, cuando ya estaba “más o menos”, me dieron esas típicas ganas de bailar. Todos estamos al tanto de lo escurridizas que son las chicas de nuestras provincias:

- Hey! ¿Quieres bailar?
- Noooo gracias…
- Y tú… Bailemos.
- NO.

Obviamente que esperaban a alguien mucho más guapo que yo para hacer eso. Pero como mi impulso a bailar es más fuerte y no me iba a quedar conforme hasta sentir mover mi cuerpecito al ritmo de la música, hice lo que siempre hago en estos casos: me pongo a bailar solo.

Me encuentro con algunas parejas de amigos que bailaban, y voy con ton y son bailando alrededor suyo. Ellos ya me conocen, es frecuente y divertido hacerlo: divertirnos todos juntos en la pista.

Pero alguno de esos otros tipos que estaban al lado nuestro, tiene que haber sentido algo de envidia o celos al ver esos pasos eróticos que yo practico tan desenvueltamente alrededor de cualquier chica. Yo no tenía cómo saber que una de esas chicas era su novia. Ni sé quien, cómo, cuando, ni porqué… sólo vi que estaba encima mío propinándome golpes furiosos y exquisitos en mi rostro. Maquinalmente dirigía sus golpes con todo cálculo hacia la cuenca de mi ojo derecho ¿O era yo quien le recibía por ese lado?.

Bueno, esto lo vi sin conectar con suceso anterior alguno, fue como la irrupción de una imagen independiente e incoherente. Como en cámara subjetiva vi pasivamente cómo ese tipo me golpeaba. Fui nada más que un robot que graba. No sentí nada. Pero el cuerpo – de carne y no de metal- es el que pagó las consecuencias y no demoró mucho en manifestarse los síntomas de tal atropello: la inflamación y los raspillones.

Cuando lo separaron de mí, yo me puse de pie y seguí bailando, sin mostrar ningún signo de afección. Seguía riéndome para pasarlo bien, pero esa risa debe de haber tomado ahora una apariencia grotesca, las chicas ya me alejaban con sus manos. Quizá fue la marginación la que me golpeó más fuerte. Caí en un rincón y me dormí como un
borracho cualquiera.

Mi amigo, que en todo momento no salió del bar como yo, fue avisado con retraso de mi accidental encuentro con la muerte –digo con la muerte ya que sólo por casualidad ese hombre no llevaba un revolver para pulsarme una bala en la cabeza-, me vio durmiendo en un rincón y me sacó de ese lugar.

Por la mañana me comentaba que cuando me había visto en ese rincón del suelo durmiendo con la cara hinchada, antes de decidirse a recogerme, había preguntado al discyoker lo sucedido:

- ¡Noooo, si este huevón es odioso! Si andaba punteándole la mujer a ese compadre ¿cóoomo no le iban a pegar po’?
- ¿punteándole la mujer a ese compadre?

Él me dijo que con ese comentario se había imaginado cualquier cosa. Yo pensé que podían incluso referirse equívocamente a uno de esos pasos de baile que yo doy con tanta gracia ¿no? Además y en todo caso, creo que desde la básica que no ritualizo esas bromitas típicas del estudiantado conocida como el “punteo”. Ya cuento con 32

años, no soy ni tan infantil ni tan vulgar ni tampoco tan payaso como para hacer esos chistes o de esa forma, nótese bien: “puntearle la mina a un compadre”. Uno se imagina un movimiento en donde las rodillas se flectan un poco o, según la altura, uno se levanta un poco en puntillas, se captura a la víctima por las caderas para al instante empujar con variable fuerza, oscilando hacia adelante con ritmo perruno y cuantas veces se desee, la pelvis en el trasero del otro, que puede, según el significado de la broma, ser o hembra o varón.

- ¡JA! Yo no le llamaría compadre. Ahora, hoy en día, se utiliza otro término común para calificar a esos tipos: “flaite”. Dije como aclarando el tipo de gente que interpreta a su vez esas cosas.

Aceptaría en ese caso entonces con orgullo, aunque no soy conciente de que así haya sido, el calificativo de mi acción borrachil de entonces como de “puntearle la mina a un flaite”. Lo que me costó una buena paliza. OK. ¡Quizá haya sido eso! Conforme entonces.

Ahora me encuentro con licencia por cinco días, tengo un parche en el ojo que, cuando lo saco para que mi ojo izquierdo vea al derecho con pena, me advierte que podría haberlo perdido. UUYYY!

No tengo rencores con nadie, sólo dudas por el comentario y una denuncia en carabineros. Aunque parece que mi emergente y cobarde vida de adulto ya me avisa con precaución y, como lo hizo por medio de mi colega, por adelantado: “Sólo en tu casa…

y solo con tus amigos”.
 

Resisto y defiendo con la canción consciente

 

 

 

 

 

 

Viernes 14 de mayo

20:00

Ahí estaremos con la revista y – si podemos – la promocionaremos y demases.

Nos vemos!*

 

* Por una serie de errrores humanos no nos fue posible asistir al evento, sin embargo aun somo optimistas y en cualquier momento comenzaremos con la difusión de la revista.

 

 

 

 

 

 

Escapa

por Emilio Giovanetti


Así con la política a la chilena, ahora que el resultado de las últimas elecciones se ha enfriado bastante me gustaría echarle una mirada. Hemos de partir por el hecho de que la pelota del ejecutivo pasó para el otro lado (para algunxs un pase necesario, para otrxs fue un autogol… muchxs aún ni vemos a la
esférica), y este nuevo panorama trae – para la gente más ‘politizada’ – una montaña de reflexiones, emociones y cuestionamientos, aunque en realidad afecta a todxs lxs que convivimos en este territorio.

Si nos detenemos en el mensaje de la coalición ganadora notaremos sin dificultad que se valieron de la idea del cambio para motivar a la masa votante, idea que tiene miles de precedentes, y que como sabemos no siempre cumple con lo que promete [lo dije con Obama, lo reitero hoy]. En Chile este proceso tiene un fuerte carácter histórico, pero si vemos lo político nos encontramos con una división cada vez más tenue. Las últimas escenas en la discusión típica entre lxs partidarixs de lo que llamamos “izquierda” y “derecha” chilena, me traen a la mente un “suplemento polémico” escrito por Julio Salcedo
que apareció en el último número de la gloriosa revista BABEL publicada por allá en 1951 y que se titulaba “Izquierdistas y Derechistas o Pacifistas y Guerreros” [1] . En este texto, el autor comienza cuestionándose cuáles son los aspectos que conforman la idea tanto de izquierda como la de derecha, va
desglosando los principales conceptos y buscando ejemplos para llegar a la conclusión de que “… Izquierdistas y derechistas es una división trasnochada”. ¡Conclusión sacada en el 1951!

Esta última afirmación está seguramente inspirada en las palabras del filósofo español Ortega y Gasset, que catorce años antes había declarado que “Ser de izquierda, es como ser de derecha, […] ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral” [2] . En todo caso no hay que pensar que los autores que he citado compartan una visión apática o desinteresada de las ideas políticas (en el sentido de la preocupación como ciudadanos), en realidad yo tampoco, sino todo lo contrario…
Me gustó el hecho de que Salcedo en su texto propusiera una especie de clasificación para las personas, de una visión más amplia y más adecuada a los acontecimientos de su época. Él divide a las personas en dos ramas: Pacifistas y Guerreros [aunque como toda clasificación debería incluir al grupo de lxs que simplemente no les
interesa]. Al ser la guerra capaz de destruir todo rastro del desarrollo y del comportamiento ‘civilizado’ del ser humano, el apoyo o el silencio frente a ésta, se vuelve una afronta para quienes desean vivir en paz. Salcedo, por su parte, se muestra a favor de la defensa del progreso y a las libertades individuales. Sin embargo,
esta clasificación está demarcada por un contexto de tensión bélica, y como a muchas otras, el tiempo la ha ido dejando atrás.

Creo que interpretar esto como un “llamado a la paz” ha generado, en la mayoría de las personas, un constante alejamiento de las ideas políticas, y con el pasar de las generaciones, el desconocimiento y una especie de repudio hacia estas… creando de esta manera, una tranquilidad muy similar al silencio. O peor aún, y como hemos visto estos últimos años, se niegan fracasos tras la bandera de algún partido y la pasividad se disfraza de activismo.

Es esta la distinción que propongo: agentes pasivos y activos; más que eso, es una invitación a convertirse en personas activas, a salir del letargo, de la estupefacción. Sin embargo, esto no significa – como nos quieren hacer creer en el sentido “tradicional”– tener que inscribirse en algún partido, o entregar un voto, no, eso es simple
burocracia.

Forjar una sociedad llena de personas preocupadas y atentas a su entorno siempre será señal de progreso, pero no tiene mayor valor si no ha surgido de una manera auténtica… cosa, que por cierto, se vuelve cada día más difícil. A la vista está el hecho de que las ganas de matar la inercia social saltan, a veces, con la misma fuerza que una declaración de guerra, pero no ha de ser esta una guerra catastrófica; si ha de ir contra algo, ha de ser contra nosotrxs mismxs, y si ha de destruir algo, es la
apatía que nos impide ver mas allá de las barreras de siempre, construidas con las mismas ideas de siempre, hasta con los mismos personajes… Es esta la nueva guerra social, la que debe salir de las dos típicas trincheras y dejar de producir militantes que rebuznen consignas ultra-probadas.
Salcedo quería paz allá en su época. Yo – y aunque suene mal – quiero guerra. ¿Y con qué nos encontramos?, con que sigue siendo más fácil asegurar cambios, o decir que vamos a vivir mejor, o inclusive, resulta absolutamente más simple hacer que la gente crea en estas líneas calcadas, llegando a pelear por colores cada vez más
desteñidos y eslóganes menos originales.
Y sí, aunque pueda sonar absurdo, soy de la idea de que las decisiones deben volver a la base de la sociedad, y sé que para esto hay que construir y educar nuevamente, pero prefiero esta, la vía difícil, en lugar seguir con esta autoevasión en la que nos sumimos cada vez que abrazamos una oferta políticamente correcta en vez de crear una propuesta, ya que es este el activismo que se necesita, y no esperar a que se cumplan las promesas, que en todo caso hace bastante tiempo que distan mucho del papel, de la pantalla y de las personas.

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Notas:

[1]: Artículo y revista completa [AQUI] -> Izquierdas y Derechistas o Pacifistas y Guerreros [Página 51]
[2]: La rebelión de las masas, “Prólogo para franceses” (1937).